Entrevistas en prisión

Llevo muchos años trabajando en centros penitenciarios de toda España. Cuando pisé por primera vez una prisión, recién cumplidos 25 años, aprendí rápidamente que el miedo es incompatible con mi trabajo. No digo que no lo haya sentido, o tenido; no digo que no lo sienta o no lo tenga a ratos, solo que con el paso de los años he conseguido bloquearlo, arrinconarlo en mi interior para ejercer de manera eficaz mi trabajo como educadora. Recuerda una ocasión muy especial para mí. Estaba impartiendo el programa "Mujer Ser Mujer", dirigido a un grupo de internas que habían sufrido malos tratos psicológicos y físicos. La metodología básica consiste en la interactuación a través de la narración de vivencias de las participantes, a cuál de ellas más aterradoras. Era una sesión programada y rodo transcurría con normalidad, hasta que empezó a hablar, vamos a llamarla "Ana".

"Ana" era una mujer que estaba en prisión cumpliendo una pena por contratar a un sicario que mato a su marido. Siempre me había parecido una mujer fría, reservada, segura de si misma; supongo que sus ojos negros y grandes, su mirada sostenida y el rictus de su mandíbula, ayudan a tener esta percepción. "Ana" contaba los malos tratos que había sufrido por parte de su marido, todas las internas escuchaban mas atentas de lo normal debido al carisma e influjo que esta mujer tenia sobre el resto, yo seguía tomando notas necesarias para la implantación con éxito del programa, estaba acostumbrada al hermetismo de "Ana" que mantenía en todas las entrevistas que tenia con ella; pero ese día, algo me paralizo, levante la vista y la mire; descubrí a una "Ana" que a través de sus ojos me pedía ayuda, auxilio, percibí su vulnerabilidad, su inseguridad, se desnudó y pude ver como era en realidad mientras decía:

- Aquel día fue el peor de mi vida, me cogió a la fuerza, me llevo a las afueras, abrió la puerta de un almacén, me vendo los ojos, me sentó en una especie de silla, amarrándome pies y manos, yo sabia que algo muy malo me iba a hacer, lo notaba en sus risas, en su forma de hablar, en su aliento que apestaba a alcohol. Se sentía fuerte y ganador. Se hizo el silencio, no venía nada, no podía moverme, solo oía pasos y risas, de repente, note como desde arriba me arrojaban un pozal de cucarachas sobre mi cabeza y el resto de mi cuerpo, supe que eran cucarachas porque les tengo fobia y las huelo en la distancia, y él lo sabía, notaba como se paseaban por mi cuerpo, intente gritar, llorar pero solo podía oír risas, los pasos que se alejaban y la puerta que se cerraba. Me desmallé y permanecí allí tres días, sin comer ni beber, hasta que el muy "Cabrón" me soltó. Nunca, nunca he podido olvidar aquello ni superarlo.

En ese momento sentí el miedo que "Ana" me transmitió con su mirada; desbloquee mi miedo de manera inconsciente y note una gran sacudida de dolor en mi alma, me levante de la silla, me acerque a ella, la cogí de la mano, se la apreté muy fuerte y con la debilidad de mi alma y la fortaleza que ella esperaba encontrar en mi le dije: "Lo superarás algún día, confía en ti".

Las cookies son importantes para ti, influyen en tu experiencia de navegación. Usamos cookies técnicas y analíticas. Puedes consultar nuestra Política de cookies. Al hacer click en "Aceptar", consientes que todas las cookies se guarden en tu dispositivo o puedes configurarlas o rechazar su uso pulsando en "Configurar".

Aceptar Configurar